Lula era una cocker que había sido abandonada en la perrera con un terrible cáncer hepático que era ya terminal. Tras un año en la perrera, pasando frío y calor y numerosas dificultades por su enfermedad, fue acogida en una familia donde pasó sus últimos seis meses rodeada de cariño y cuidados que ayudaron a hacer más llevadera su evolución. Murió tras hacer lo que más le gustaba en este mundo: viajar en coche con toda la familia.







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